Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Escuchad, Felton —repuso milady—, escuchad, digo, porque quiero que veáis que junto a los hombres viles y despreciables todavÃa alientan caracteres grandes y generosos. Yo tenÃa un prometido, a quien amaba y del cual era correspondido; un corazón como el vuestro, Felton, un hombre como vos. Fui a encontrarle y se lo conté todo, y como me conocÃa, no dudó de mà ni un solo instante. Era un gran señor, un hombre que en representación social no cedÃa a Buckingham. Mi prometido nada dijo; lo que hizo fue ceñirse la espada, embozarse en su capa y encaminarse al palacio del duque.
—Comprendo —exclamó el teniente—; aunque con semejantes hombres no deberÃa uno emplear la espada, sino el puñal.
—Buckingham habÃa partido el dÃa anterior para España, en calidad de embajador, para pedir la mano de la infanta para el rey Carlos I, que a la sazón no era más que prÃncipe de Gales. «Escuchad», me dijo mi prometido al regresar del palacio del duque, «Buckingham ha partido y, por lo tanto, momentáneamente se libra de mi venganza; pero mientras, unámonos como debÃamos, y luego confiad en lord Winter para mantener su honra y la de su esposa».
—¡Lord Winter! —exclamó Felton.