Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Sà —profirió milady—, y ahora debéis comprenderlo todo, ¿no es asÃ? La ausencia de Buckingham duró cerca de un año. Ocho dÃas antes de su llegada, mi marido murió súbito, dejándome su heredera universal. ¿De dónde venÃa el golpe? Dios, a quien nada se le esconde, indudablemente lo sabe; yo no acuso a nadie…
—¡Qué abismo! ¡Qué abismo! —exclamó Felton.
—Mi marido murió sin decir nada a su hermano. El terrible secreto no salió de mi esposo y de mÃ, hasta que estallara como el rayo sobre la cabeza del culpable. Vuestro protector habÃa visto con disgusto que su hermano mayor se casara con una joven pobre; y conociendo yo que no podÃa esperar apoyo alguno de un hombre que viera defraudadas sus esperanzas de heredar de su hermano, me embarqué para Francia, resuelta a vivir en ella el resto de mis dÃas. Pero como toda mi fortuna radica en Inglaterra, al cortarse, a causa de la guerra, todas las comunicaciones, todo me faltó, y no tuve más remedio que regresar, como he hecho hace seis dÃas, desembarcando en Portsmouth.
—¿Qué más? —dijo Felton.