Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Son cinco —repuso Athos en voz baja—, y nosotros tres, y como nuevamente van a vencernos, no nos cabe otro recurso que morir en el sitio, pues lo que es yo no vuelvo a comparecer derrotado delante del capitán.
Athos, Porthos y Aramis se agruparon mientras Jussac alineaba a los suyos.
A D’Artagnan le bastó aquel instante para tomar una resolución definitiva: era aquel uno de esos acontecimientos que deciden el porvenir de un hombre; o con el rey, o con el cardenal; no cabÃan vacilaciones, y una vez hecha la elección, habÃa que perseverar en ella. Batirse, esto es, desobedecer a la ley, arriesgar la cabeza, hacerse de rondón enemigo de un ministro más poderoso que el monarca: ahà lo que columbró el mozo; pero dicho sea en su alabanza, no titubeó ni un segundo. Asà pues, se volvió hacia Athos y sus amigos y les dijo:
—Perdonen vuestras mercedes si les enmiendo la plana. M. Athos ha dicho que no eran más que tres, y a mà se me figura que somos cuatro.
—Pero vos no sois de los nuestros —repuso Porthos.
—Es cierto —contestó D’Artagnan—; no ostento el uniforme, pero tengo el alma de mosquetero. ¡Oh!, mi corazón lo es, y esto me conduce.