Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Las nueve menos diez —respondió el barón después de haber consultado su reloj.
Milady había anticipado una hora y media su partida, es decir, hizo levar anclas tan pronto hubo oído el cañonazo que anunciaba el fatal acontecimiento.
La balandra bogaba bajo un cielo azul y a gran distancia de la costa.
—Dios lo ha querido —dijo Felton con la resignación del fanático, pero sin poder desviar los ojos de aquella embarcación a bordo de la cual le parecía, sin duda, distinguir el blanco fantasma de aquella por quien iba a ser sacrificada su vida.
Winter siguió la mirada del puritano, interrogó el sufrimiento de este y lo adivinó todo.
—Primeramente, serás castigado tú solo, miserable —dijo el barón a Felton, que se dejaba llevar con los ojos vueltos hacia la mar—; pero te juro por la memoria de mi hermano, a quien tanto quise, que tu cómplice no está salvada.
Felton inclinó la cabeza sin proferir palabra.
El barón bajó precipitadamente por la escalera y se encaminó al puerto.