Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Por lo demás, durante todo aquel tiempo nada de particular habÃa pasado en el campamento de La Rochelle, a no ser que Luis XIII, que se aburrÃa hasta más no poder, como siempre, o tal vez más que en otra parte, estaba decidido a ir de incógnito a pasar las fiestas de Saint Louis en Saint-Germain. A este efecto el rey encargó al cardenal que le hiciese preparar una escolta de solo veinte mosqueteros. Richelieu, a quien se le pegaba a veces el tedio del soberano, concedió gozoso esta licencia a su real teniente, que prometió estar de regreso a mediados de setiembre.
M. de Tréville, avisado por su eminencia, avió a su servidor, y como, sin saber la causa, conocÃa el vivo deseo y aun la imperiosa necesidad que tenÃan sus amigos de ir a ParÃs, no es menester decir que les designó para formar parte de la escolta.
Los cuatro jóvenes supieron la nueva un cuarto de hora después que m. de Tréville, ya que fueron ellos los primeros a quienes este se la comunicó.
Aquella fue la ocasión en que D’Artagnan pudo apreciar la merced que el cardenal le dispensara haciéndole ingresar en los mosqueteros; de lo contrario, se habrÃa visto obligado a quedarse en el campamento mientras sus compañeros partÃan.