Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —El cardenal no persigue únicamente los crÃmenes —respondió milady—; hay virtudes a las que acosa con más severidad que a ciertos delitos.
—En verdad, me llenáis de sorpresa, señora —profirió la madre.
—¿Y qué os sorprende en m� —preguntó milady con ingenuidad.
—Vuestro lenguaje.
—¿Qué halláis en él de extraordinario? —dijo milady, sonriéndose.
—Ya que el cardenal os envÃa, eso prueba que sois su amiga, y sin embargo…
—Hablo mal de él —repuso milady, redondeando el pensamiento de la abadesa.
—Por lo menos no lo ensalzáis.
—Es que no soy su amiga, sino su vÃctima —exclamó milady, lanzando un suspiro.
—Con todo, la carta en que os recomienda a mÃ…
—Esa carta no es más que una orden por la cual se me obliga a permanecer en una prisión de la que me hará sacar por alguno de sus satélites…
—¿Por qué no habéis huido?