Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Que esté tranquilo.
—¿Nada más?
—Ya sabrá el cardenal lo que esto quiere decir.
—Lo adivinará. Y ahora, ¿qué debo hacer yo?
—Tomar el portante en seguida; me parece que las nuevas que tenéis que comunicar a su eminencia merecen que os apresuréis.
—Mi silla de posta se ha descalabrado al entrar en Lillers.
—¡MagnÃfico!
—¡Cómo, magnifico!
—SÃ, porque yo la necesito.
—¿Cómo parto yo, entonces?
—A caballo y a escape.
—Poco os cuesta el decirlo. ¡Friolera! ¡Ciento ochenta leguas!
—¿Y qué?
—Está bien. ¿Qué más?
—Al pasar por Lillers, me enviáis la silla de posta con orden a vuestro criado de que se ponga a las mÃas.
—De acuerdo.
—Es obvio que traéis con vos alguna orden de su eminencia.
—Mis poderes.