Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Mostradlos a la abadesa, y decidle que vendrán a por mà hoy o mañana, y que debo seguir a la persona que en vuestro nombre se presente.
—Bueno.
—Al hablar de mà a la priora, que no se os olvide el tratarme con aspereza.
—¿Por qué?
—Soy una vÃctima del cardenal. ¡Caramba! Es menester que yo inspire confianza a la pobrecita mm. Bonacieux.
—Es cierto. ¿Queréis darme ahora por escrito una relación de cuánto ha pasado?
—Ya os he contado lo sucedido, y como tenéis buena memoria, con que repitáis lo que os he dicho estáis al cabo; un papel se extravÃa.
—DecÃs bien; lo que necesito saber ahora es dónde encontraros, para que no me vea expuesto a recorrer infructuosamente las cercanÃas.
—Habláis de perlas, aguardaos.
—¿Queréis un mapa?
—No, conozco al dedillo esta comarca.
—¿Vos? ¿Cuándo estuvisteis en ella?
—Cuando niña; en ella me eduqué.
—¿De veras?
—Ya veis que algo aprovecha el haber sido educada en alguna parte.
—¿Aguardaréis, pues?