Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Bueno —profirió Rochefort, tomando de manos de milady el papel, doblándolo y metiéndolo entre el forro de su sombrero—, por lo demás, nada temáis, voy a hacer como los chiquillos, si se me pierde ese papel, repetiré el nombre a lo largo del camino. ¿Hemos acabado?
—Me parece que sÃ.
—Vamos a ver: Buckingham muerto o gravemente herido; vuestra conversación con el cardenal escuchada por los cuatro mosqueteros; lord Winter prevenido de vuestra llegada a Portsmouth; D’Artagnan y Athos a la Bastille; Aramis, amante de mm. de Chevreuse; Porthos, un fatuo; mm. Bonacieux, hallada de nuevo; enviaros cuanto antes mi silla de posta; poner a vuestras órdenes mi lacayo; hacer de vos, ante la abadesa y para que esta no sospeche, una vÃctima del cardenal, y Armentières, a orilla del Lys. ¿Es eso?
—En verdad, mi querido caballero, tenéis una memoria prodigiosa. Y a propósito, añadid…
—¿Qué?
—He visto hermosÃsimos bosques que deben de lindar con la huerta del convento; decid a la abadesa que se me permita pasear por ellos; ¿quién sabe?, puede que me vea en el caso de salir por una puerta trasera.
—Pensáis en todo.
—Y vos olvidáis una cosa…
—¿Qué?