Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Preguntarme si necesito dinero.
—Es verdad, ¿os hace falta mucho?
—Todo el que traigáis.
—Traigo unas quinientas pistolas.
—Yo otras tantas: con mil pistolas se hace frente a todo; vaciad vuestras faltriqueras.
—Aquà están.
—De acuerdo. ¿Cuándo partÃs?
—Dentro de una hora; el tiempo de comer un bocado; entretanto, mandaré a por un caballo de posta.
—A las mil maravillas. Adiós, caballero.
—Con él quedad, condesa.
—Encomendadme al cardenal.
—Y vos a mà al demonio.
Milady y Rochefort cruzaron una sonrisa y se separaron. Una hora después, Rochefort partió a galope tendido, y cinco más tarde entró en Arras.
Nuestros lectores saben ya de qué manera D’Artagnan reconoció al conde, los temores que tal encuentro infundió a los cuatro amigos, y la mayor actividad que, de resultas, imprimieron estos a su viaje.