Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Aguardadme a la puerta —dijo milady al lacayo—; si vienen los mosqueteros, que el coche parta al galope, dé la vuelta al convento, y vaya a esperarme a la aldehuela situada al otro lado del bosque. Yo, en este caso, atravesaré el huerto, y me encaminaré a pie a la aldea.
Recuerde el lector que milady conocÃa al dedillo aquella comarca.
—Si los mosqueteros no aparecen —continuó milady—, no hay para qué introducir modificaciones en lo estipulado: mm. Bonacieux subirá al coche so pretexto de despedirse de mÃ, y yo aprovecharé la ocasión para llevármela conmigo.
Milady, al entrar nuevamente en su celda mm. Bonacieux, para disipar toda sospecha, si esta la tenÃa, repitió ante el lacayo toda la última parte de sus instrucciones, e hizo algunas preguntas relativas al coche.
—Es una calesa con tres caballos y guiada por un postillón —respondió el lacayo—; yo debo precederla, en calidad de correo.