Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Retiraos cada cual a vuestro cuarto, y dejadme hacer; ya veis que, como marido, esto es de mi incumbencia —dijo Athos. Y, volviéndose hacia D’Artagnan, continuó—: Si no se os ha extraviado, dadme el papel que se escapó del sombrero de aquel individuo y en el cual está escrito el nombre de la población.
—¡Ah! —exclamó D’Artagnan—, comprendo, aquel nombre escrito de su puño y letra.
—Ya ves que hay un Dios en el cielo —dijo Athos.