Los Tres Mosqueteros

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LXIV

EL HOMBRE DE LA CAPA ROJA

La desesperación de Athos dejó paso a un dolor reconcentrado que daba todavía mayor lucidez a las sobresalientes dotes intelectuales de aquel hombre.

Entregado en cuerpo y alma a un pensamiento único, el de la promesa que hiciera y el de la responsabilidad que había contraído, Athos se retiró el último a su cuarto, rogó al ventero que le prestase un mapa de la provincia, se concentró en el plano, interrogó los trazos, vio que de Béthune a Armentières partían cuatro caminos distintos, mandó llamar a los lacayos y, una vez estos presentes, les dio instrucciones claras y puntuales.

Planchet, Grimaud, Mousqueton y Bazin debían partir al amanecer del siguiente día y encaminarse a Armentières cada uno por una vía diferente. Planchet, el más perspicaz de los cuatro, debía tomar aquella por la que desapareciera el coche sobre el cual los cuatro amigos habían disparado y que, como recordarán nuestros lectores, iba bajo la custodia del lacayo de Rochefort.

Athos hacía entrar primero en campaña a los criados porque desde que estos estaban a su servicio y al de sus amigos, había descubierto en cada uno de ellos cualidades distintas y esenciales.


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