Los Tres Mosqueteros

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Planchet había seguido el camino y, como Athos, había notado las manchas de sangre y había reconocido el lugar donde se detuvieran los caballos; pero llevando más allá que Athos sus investigaciones, llegó a la aldea de Festubert, donde, en una taberna en la que entrara para beber de lo caro, y sin necesidad de interrogar a nadie, supo que la noche anterior, a las ocho y media, un hombre herido que acompañaba a una dama que viajaba en silla de posta se había visto obligado a detenerse por no poder seguir adelante. El accidente fue achacado a ladrones que se supuso habían detenido el coche en el bosque; al herido lo dejaron en la aldea, y la dama mandó relevar y continuó su camino.

El lacayo de D’Artagnan salió en busca del postillón que guiara la silla de posta y, habiéndolo encontrado, supo por él que había conducido hasta Fromelles a la dama, que luego partió para Armentières.

Con estos informes, Planchet tomó por el atajo y llegó a Armentières a las siete de la mañana. Allí no había más que un mesón, el de la Posta, y Planchet entró en él como lacayo sin amo que busca colocación. Apenas hacía diez minutos que conversaba con los criados del mesón y ya sabía que a las once de la noche precedente había llegado una mujer sola, había tomado un aposento, había hecho venir al mesonero y había manifestado a este su deseo de vivir por espacio de algún tiempo en los alrededores.


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