Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Ante Dios y ante los hombres —continuó D’Artagnan—, acuso a esta mujer de haber intentado envenenarme con vino que me envió a Villeroi, acompañado de una carta apócrifa, para darme a entender que el vino me lo remitÃan mis amigos; Dios me salvó, pero en mi lugar murió un hombre llamado Brisemont.
—Lo atestiguamos —dijeron Porthos y Aramis.
—Ante Dios y ante los hombres, acuso a esta mujer de haberme incitado a asesinar al barón de Wardes; y como aquà no hay quien pueda atestiguar la verdad de esta acusación, lo atestiguo yo mismo. He dicho.
Tras estas palabras, D’Artagnan pasó al otro lado del aposento con Porthos y Aramis.
—Ante Dios y ante los hombres —dijo el barón de Winter, avanzando a su vez—, acuso a esta mujer de haber hecho asesinar al duque de Buckingham.
—¡Cómo! ¡Asesinado el duque de Buckingham! —exclamaron a un tiempo los presentes.
—SÃ, asesinado —profirió el barón—. En vista de la carta que vuestras mercedes me escribieron, hice arrestar a esa mujer, y la puse bajo la vigilancia de un servidor fiel; pero ella corrompió a su guardián y le puso en la mano el puñal para matar al duque. Quizá en estos momentos Felton paga con su cabeza el crimen de esa furia.
A la revelación de aquellos crÃmenes todavÃa ignorados, los jueces de milady se estremecieron.