Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —TodavÃa no he concluido —repuso lord Winter; y, dirigiendo la palabra a milady, continuó—: mi hermano, que os habÃa nombrado su heredera, en tres horas murió de una extraña enfermedad que deja el cuerpo lleno de lÃvidas manchas.
¿Cómo murió mi hermano?
—¡Qué horror! —exclamaron Porthos y Aramis.
—Asesina de Buckingham, asesina de mi hermano, asesina de Felton, clamo justicia contra vos, y juro que de no hacérmela los demás, me la haré yo por mi propia mano.
Lord Winter fue a colocarse junto a D’Artagnan, dejando el sitio a otro acusador.
Milady dejó caer la frente entre las manos e hizo un esfuerzo para reunir sus ideas, confundidas por un vértigo infernal.
—Ahora yo —dijo Athos, temblando como tiembla el león a la vista de la serpiente—. Contra la voluntad de mi familia, me casé con esta mujer; le di mi fortuna, y un dÃa advertà que estaba herrada, quiero decir, que llevaba impresa la flor de lis en su hombro izquierdo.
—¡Oh! —repuso milady, levantándose—, reto a quienquiera que sea a que halle el tribunal que pronunció contra mà esa sentencia infamativa, a que encuentre al que la ejecutó.