Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Ni un soplo de aire refrescaba aquella pesada atmósfera; la naturaleza yacÃa en sepulcral silencio. Con la reciente lluvia, el suelo se habÃa puesto resbaladizo, y las hierbas, reanimadas, exhalaban más penetrantes aromas.
Dos de los criados tiraban de los brazos a milady; detrás seguÃa el verdugo, en pos de este iban lord Winter y los cuatro amigos, y Planchet y Bazin cerraban la marcha.
Grimaud y Mousqueton conducÃan hacia el rÃo a milady, la cual, si no con la boca, hablaba con los ojos, que con indecible elocuencia y con ademán de súplica se fijaban, ora en el uno, ora en el otro de los dos criados.
—Os ganáis cada uno mil pistolas si protegéis mi fuga —dijo milady a sus conductores en un momento en que los tres se encontraron a algunos pasos de los demás—; pero si me entregáis a vuestros amos, no lejos de aquà cuento con vengadores que os harán pagar cara mi muerte.
Athos, al oÃr la voz de milady, se le acercó presuroso, seguido de lord Winter.
—Despedid a estos criados —dijo el barón al mosquetero—; desde el punto y hora en que milady les ha hablado han dejado de ser seguros.
Athos llamó a Planchet y a Bazin, que reemplazaron a Grimaud y a Mousqueton.