Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Tengo orden de entregarlo a los guardias que deben conducirlo al campamento.
—Bajo la nuestra irá, caballero, palabra; pero también bajo palabra os garantizo —añadió Athos, frunciendo las cejas— que m. D’Artagnan no se separará de nosotros.
El caballero de Rochefort miró hacia atrás y, comprendiendo, al ver que Porthos y Aramis se habÃan interpuesto entre él y la puerta, que estaba a merced de aquellos cuatro hombres, dijo:
—Señores, si m. D’Artagnan se aviene a entregarme su espada y unir a la vuestra su palabra, me contentaré con vuestra promesa de conducirle al cuartel general de su eminencia.
—Os he empeñado mi palabra, caballero —dijo D’Artagnan—, y aquà está mi espada.
—Lo cual me place tanto más cuanto debo continuar mi viaje —repuso Rochefort.
—Si es para reunirnos con milady —dijo Athos con frialdad—, podéis excusarlo, pues no la encontraréis.
—¿Qué ha sido, pues, de ella? —preguntó con viveza Rochefort.
—Regresad al campamento y lo sabréis.