Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Si a monseñor le place hacerme primeramente sabedor de los crÃmenes que se me imputan, luego le diré yo lo que he hecho.
—Se os imputan crÃmenes que han hecho caer cabezas más altas que la vuestra —dijo el cardenal.
—¿Cuáles, monseñor? —preguntó D’Artagnan con una tranquilidad que asombró a Richelieu.
—Os imputan haber correspondido con los enemigos del reino, haber sorprendido los secretos del Estado y haber hecho abortar los planes de vuestro general.
—¿Y quién me imputa eso, monseñor? —repuso D’Artagnan, que sospechó que la acusación partÃa de milady—. ¡Una mujer marcada por los tribunales del reino, una mujer que se ha casado con un hombre en Francia y con otro en Inglaterra, que ha envenenado a su segundo marido y ha intentado envenenarme a mÃ!
—¿Qué estáis diciendo ahÃ, y de qué mujer queréis hablarme? —profirió con admiración su eminencia.
—Hablo de lady Winter —respondió D’Artagnan—, de quien vuestra eminencia debe de ignorar los crÃmenes toda vez que la ha honrado con su confianza.
—Si lady Winter ha cometido los crÃmenes que decÃs —repuso Richelieu—, será castigada.
—Ya lo está, monseñor —dijo D’Artagnan.
—¿Y quién la ha castigado?
—Nosotros.