Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Athos, Porthos, Aramis y D’Artagnan estaban aguardando hacÃa obra de media hora, confundidos entre el hormiguero de cortesanos, cuando abrieron de par en par todas las puertas y anunciaron a su majestad.
A este anuncio, D’Artagnan se estremeció hasta la médula. El instante que iba a seguir debÃa, según toda probabilidad, decidir del resto de su vida. Asà es que fijó con angustia los ojos en la puerta por la cual iba a entrar el monarca.
Luis XIII apareció al frente de su séquito, en traje de caza todavÃa polvoriento, con grandes botas y el látigo en la mano. A D’Artagnan le bastó una mirada para comprender que el rey estaba de pésimo talante.
Por más que fuese visible esta disposición del ánimo de su majestad, no por eso los cortesanos dejaron de alinearse a su paso; que en las antecámaras regias vale más ser visto con ojos de irritación que dejar de ser visto. Los tres mosqueteros no titubearon, pues, y avanzaron un paso, mientras D’Artagnan permanecÃa escondido tras ellos. Sin embargo, por más que el rey conocÃa personalmente a Athos, a Porthos y a Aramis, siguió adelante sin mirarlos, sin dirigirles ni una palabra, cual si nunca los hubiese visto. En cuanto a m. de Tréville, al volver hacia él los ojos el monarca, sostuvo la mirada de este con tanta firmeza que se la hizo desviar; después de lo que su majestad entró refunfuñando en su gabinete.