Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Valiente recreación! —exclamó el rey—. Todo degenera, por mi fe, y no sé si es la caza la que ya no deja pista o si los perros ya no tienen olfato. Hacemos salir un ciervo de diez puntas, lo perseguimos durante seis horas, y cuando está dispuesto a defenderse, en el instante en que Saint-Simon iba a tocar la bocina, patatrás, toda la jauría se deja engañar y la emprende contra un cervato. En verdad os digo, que me veré obligado a renunciar a la caza con perros como ya lo he hecho con la cetrería. ¡Ah!, soy un rey muy desgraciado, m. de Tréville, no me quedaba ya más que un gerifalte, y anteayer se murió.

—Comprendo vuestra desesperación, señor; la desventura es grande; pero me parece que aún os quedan muchos halcones, gavilanes y torzuelos.

—Pero ni un hombre para amaestrarlos; los halconeros se van, ya no queda más conocedor del arte de la cetrería que yo. Muerto yo, todo habrá concluido, y las gentes cazarán con trampas, lazos y armadijos. Si me quedase tiempo para formar discípulos, ¡aún!, pero ahí está el cardenal, que no me da punto de reposo hablándome de España, Austria e Inglaterra. Y, a propósito del cardenal, no estoy satisfecho de vos, m. de Tréville.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker