Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros El capitán de los mosqueteros, que conocÃa de larga fecha al rey, le aguardaba en este traspié; sÃ, Tréville habÃa comprendido que todas las quejas del monarca no eran más que un prólogo, como una excitación para alentarse a sà mismo, y que aquel era el hito al que Luis XIII apuntaba.
—¿En qué he tenido la desgracia de desplacer a vuestra majestad? —preguntó Tréville, fingiendo la más honda extrañeza.
—¿Asà es como cumplÃs los deberes de vuestro cargo, caballero? —continuó el rey, sin responder directamente a la pregunta de Tréville—. ¿Para eso os he nombrado yo capitán de mis mosqueteros, que asesinan a un hombre, amotinan todo un barrio y están si prenden o no prenden fuego a ParÃs sin que vos digáis esta boca es mÃa? Mas apostarÃa que me apresuro a acusaros, que los perturbadores ya están presos y que venÃs a anunciarme que se ha hecho justicia.
—Muy al contrario, señor, vengo a pedÃrosla —respondió con todo sosiego m. de Tréville.
—¿Y contra quién? —exclamó el rey.
—Contra los calumniadores.