Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¡Ah! ¡Queréis decir que el cardenal me engaña y me traiciona! Luego lo acusáis. Adelante, confesad con toda franqueza que lo acusáis.
—Señor, no lo acuso, lo que digo es que se engaña, que le han informado mal, que se ha dado prisa en inculpar a los mosqueteros de vuestra majestad, para con los cuales es injusto, y que no ha bebido en buena fuente sus informes.
—La acusación parte del mismÃsimo duque de La Trémouille. ¿Qué respondéis a eso?
—Señor, me será fácil responder que el duque está demasiadamente interesado en el asunto para ser un testigo del todo imparcial; pero no, tengo al duque por hombre sincero, y me remito a su fallo, mas con una condición, señor.
—¿Cuál?
—Que vuestra majestad mande llamarle y le interrogue personalmente y a solas, sin testigos, e inmediatamente después de haber recibido vuestra majestad al duque, me reciba a mÃ.
—Lo haré —repitió el rey—; ¿y vos os atendréis a lo que diga m. de La Trémouille?
—SÃ, señor.
—¿Aceptaréis su fallo?
—A ojos cerrados.
—¿Y os someteréis a las reparaciones que él exija?