Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros A D’Artagnan le dejó, pues, más que medianamente humillado el no haber podido ofrecer sino una comida y media a sus compañeros, pues el almuerzo en casa del cura no podÃa ser contado más que como media comida, en comparación con los festines que se procuraran Athos, Porthos y Aramis. Se consideraba, pues, como una carga para la sociedad, olvidando, en su buena fe juvenil, que él habÃa nutrido a la sociedad durante un mes; y bajo el influjo de su preocupación empezó a devanarse los sesos, sacando en limpio de sus reflexiones que aquella alianza de cuatro hombres jóvenes, valerosos, emprendedores y activos, debÃa tener otro fin que el de andorrear, el de ejercitarse en la esgrima y el de soltar bufonadas más o menos agudas.