Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Entonces el apuro se convirtió en ruina, y los cuatro amigos recorrieron con avidez, seguidos de sus lacayos, los malecones y los cuerpos de guardia, recogiendo entre los amigos no asociados, digámoslo así, cuantas comidas les fue posible; porque, según dictamen de Aramis, en la prosperidad debe uno sembrar banquetes a diestro y a siniestro para recoger algunos en la desgracia.
Athos fue convidado cuatro veces y otras tantas llevó consigo a sus amigos con sus lacayos; Porthos lo fue seis, e hizo como Athos, y Aramis, que, como ya lo habrá advertido el lector, era hombre que hablaba poco y hacía mucho, no lo fue menos de ocho veces.
En cuanto a D’Artagnan, que aun no conocía a persona alguna en París, solo pescó un almuerzo de chocolate en casa de un cura paisano suyo, y una comida en casa de un corneta de los guardias. No es necesario decir que el mozo condujo a sus amigos a casa del cura, de quien devoraron la provisión de dos meses, y a la del corneta, que hizo maravillas; pero, como decía Planchet, por mucho que uno coma de una sentada, no come más que una vez.