Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros DâARTAGNAN VA DĂNDOSE A CONOCER
Cual Athos y Porthos previeran, media hora despuĂ©s DâArtagnan estaba de regreso en su casa. Esta vez tambiĂ©n el desconocido se habĂa escapado, digĂĄmoslo asĂ.
DâArtagnan, tras haber recorrido espada en mano las circunvecinas calles sin dar con tĂtere que se pareciese al individuo en pos del cual saliera, pensĂł en lo que debĂa haber pensado desde un principio, esto es, en llamar a la puerta a la que arrimado estaba el misterioso personaje; pero inĂștilmente dio uno y otro aldabazo, nadie respondiĂł a la llamada; solo algunos vecinos, atraĂdos por el estruendo, se asomaron a puertas y ventanas para decir a nuestro mozo que en aquella casa âde la que, por lo demĂĄs, estaban cerradas todas las aberturasâ hacĂa seis meses que no habitaba bicho viviente.
Mientras DâArtagnan iba desempedrando calles y llamando a las puertas, Aramis se habĂa reunido con sus compañeros, de modo que cuando el gascĂłn entrĂł de nuevo en su vivienda, encontrĂł junta magna.
âÂżQuĂ© tal? âpreguntaron a una los tres mosqueteros al ver a DâArtagnan sudoriento y turbado por la cĂłlera.
âÂżQuĂ©? âexclamĂł el mozo, lanzando su espada sobre la camaâ, que es menester que ese hombre sea el diablo en carne y hueso; ha desaparecido como un fantasma, como una sombra, como un espectro.