Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Advertid que en el negocio anda una mujer raptada, a quien indudablemente amenazan, y tal vez martirizan, y todo porque es fiel a su señora —dijo D’Artagnan.
—Idos con tiento, D’Artagnan —profirió Aramis—, a mi parecer os interesáis en demasÃa por la suerte de mm. Bonacieux. La mujer ha sido creada para nuestra perdición; de ella nos vienen todas nuestras miserias.
Athos, al escuchar esta sentencia de Aramis, frunció el ceño y se mordió los labios.
—No es mm. Bonacieux la que me inspira cuidados, sino la reina, abandonada por el monarca, perseguida por el cardenal, y que una tras otra ve caer las cabezas de sus amigos —profirió D’Artagnan.
—¿Por qué tiene, pues, tanto apego a lo que nosotros detestamos más en el mundo, a los españoles y a los ingleses?
—Porque España es su patria, y es muy natural que quiera a los españoles, como hijos que son de la tierra misma en que ella nació. En cuanto al segundo cargo que le hacéis, he oÃdo decir que no profesaba afecto a los ingleses, sino a un inglés.
—Y hay que confesar que ese inglés es digno de ser amado: no he visto en mi vida un garbo cortesano como el suyo —repuso Athos.