Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Sois un belitre, amigo mÃo; ¡venir a pedirme dinero a mÃ, a un mosquetero! ¡A la cárcel! Señores, os lo repito, a la cárcel con él, y guardadlo bajo llave cuanto más tiempo mejor, asà no tendré yo que pagarle el alquiler.
Los corchetes se deshicieron en frases de gratitud y se llevaron a su presa; pero D’Artagnan, en el instante en el que aquellos empezaban a bajar por la escalera, dio un golpecito en el hombro del jefe y, llenando al mismo tiempo dos vasos del vino de Beaugency que debÃa a la liberalidad de Bonacieux, le preguntó:
—¿Queréis decir que podré yo beber a vuestra salud y vos a la mÃa?
—Para mà serÃa todo un honor, y acepto con gratitud —respondió el jefe de los corchetes.
—Pues a vuestra salud, señor… ¿Cómo os llamáis?
—Boisrenard.
—A vuestra salud, m. Boisrenard.
—A la vuestra, señor… Y vos, ¿cómo os llamáis, si os place?
— D’Artagnan.
—A vuestra salud, m. D’Artagnan.
—Y sobre todo —exclamó nuestro gascón como arrebatado por el entusiasmo—, a la salud del rey y del cardenal.