Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Puede que el corchete mayor hubiese dudado de la sinceridad de D’Artagnan de haber sido malo el vino, pero como el vino era bueno, se convenció.
—Pero venid acá y decidme ¿qué villanÃa es esa que acabáis de cometer? —dijo Porthos a D’Artagnan en cuanto el alguacil brindador se hubo reunido con sus compañeros—. ¡Habrase visto cosa tal! ¡Cuatro mosqueteros dejar que a sus barbas prendan a un hombre que pide auxilio! ¡Un hidalgo chocar su vaso con el de un corchete!
—Oye, Porthos —profirió Aramis—, Athos ya te ha dicho que eres un necio, y yo me adhiero a su parecer.
Y volviéndose hacia el gascón, Aramis continuó:
—D’Artagnan, eres un gran hombre, y de ahora para cuando desempeñes el cargo de m. de Tréville, solicito tu protección para ayudarme a conseguir una abadÃa.
—De verdad que no lo entiendo —exclamó Porthos.
—¡Cómo! ¿Vosotros aprobáis lo que D’Artagnan acaba de hacer?
—Claro que sà —respondió Athos—, y no solo apruebo lo que acaba de hacer, mas también le felicito por ello.