Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Desde ahora, señores —dijo D’Artagnan, sin tomarse la molestia de explicar su conducta a Porthos—, nuestra divisa es: todos para uno y uno para todos, ¿no es as�
—Sin embargo… —repuso Porthos.
—Tiende la mano y jura —profirieron a la vez Athos y Aramis.
Vencido por el ejemplo, mascullando, Porthos tendió la mano, y los cuatro amigos repitieron a una la fórmula dictada por D’Artagnan.
—Está bien, ahora cada mochuelo a su olivo —dijo el mozo como si en su vida hubiese hecho otra cosa que mandar—, y ojo alerta, porque desde este instante estáis en pugna abierta con el cardenal.