Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Palabra —respondió D’Artagnan con acento de verdad indubitable.
—Os creo; tenéis las trazas de hombre digno; además, ¿quién sabe si al cabo de vuestra abnegación está vuestra fortuna?
—Sin el cebo de promesa alguna haré en conciencia cuanto esté en mis fuerzas para servir al rey y complacer a la reina —dijo D’Artagnan—; disponed de mà como de un amigo.
—Pero, entre tanto, ¿en dónde me dejaréis a m�
—¿No conocéis a persona alguna de cuya casa pueda recogeros m. La Porte?
—No quiero fiarme de nadie.
—Aguardad —dijo D’Artagnan—, estamos a la puerta de Athos; sÃ, esta es.
—¿Quién es Athos?
—Un amigo mÃo.
—¿Y si está en casa y me ve?
—No está; además, me llevaré la llave una vez os haya dejado en su habitación.
—¿Y si regresa?
—No lo hará; por otra parte, le dirán que yo he conducido a su casa una mujer.
—¡Pero eso va a comprometerme grandemente!