Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros La Porte preguntó dos veces la dirección de la casa de Athos, para estar seguro de no equivocarse, y partió apresuradamente; no obstante, apenas hubo adelantado diez pasos, retrocedió para decir a D’Artagnan:
—Permitidme que os dé un consejo.
—¿Cuál?
—Lo que acaba de pasar podría acarrearos algunos disgustos.
—¿Os parece?
—Sí. ¿Tenéis algún amigo a quien le retrase el péndulo?
—No os entiendo.
—Pues idos inmediatamente a verle para que pueda atestiguar que vos estabais en su casa a las nueve y media. En lenguaje jurídico eso se llama una coartada.
D’Artagnan halló prudente el consejo, y voló a casa de Tréville; pero en vez de encaminarse al salón, como todo el mundo, solicitó que le dejaran entrar en el despacho, a lo cual nadie puso óbice, ya que el mozo era uno de los más asiduos concurrentes del palacio. Luego fueron a avisar a m. de Tréville que su joven paisano tenía algo importante que comunicarle y solicitaba una audiencia particular. Cinco minutos después, el capitán de los mosqueteros preguntaba a D’Artagnan en qué podía serle útil y a qué debía el placer de su visita a una hora tan avanzada.