Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros LA INTRIGA SE ENREDA
Al salir de su visita a m. de Tréville, D’Artagnan se encaminó, imaginativo, a su casa por la vÃa más larga.
¿En qué iba pensando D’Artagnan, que de tal suerte se desviaba de su camino, y, con la mirada en las estrellas, ora suspiraba, ora se sonreÃa?
El mozo estaba pensando en mm. Bonacieux. Para un aprendiz de mosquetero, era, aquella, casi un ideal amoroso. Linda, joven, misteriosa, un punto menos que iniciada en todas las intrigas palaciegas, que imprimÃan tan hechicera gravedad a sus graciosas facciones, la esposa del mercero tenÃa fama de no ser insensible, lo cual es un incentivo incontrastable para los amantes novatos; además, D’Artagnan la habÃa salvado de las garras de los corchetes que querÃan registrarla y maltratarla, y este importante favor habÃa establecido entre ella y él una de esas corrientes de gratitud que con tanta facilidad toman carácter apasionado.