Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Al sonar las diez, D’Artagnan se despidió del capitán, que se volvió al salón después de dar al mozo las gracias por las nuevas que acababa de comunicarle, y de recomendarle que siempre tomara a pecho el servicio del rey y de la reina; pero al llegar al pie de la escalera, nuestro héroe recordó que se había olvidado su bastón, y subiendo otra vez y precipitadamente al despacho, de una dedada puso de nuevo el péndulo a la hora, para que al día siguiente no pudiesen advertir que andaba mal; luego y seguro ya de que contaba con un testigo para probar su coartada, bajó por la escalera y a no tardar llegó a la calle.