Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Descendió, pues, D’Artagnan por la rue des Petits-Augustins, y subió el paseo para tomar el Pont-Neuf, después de haber sustentado por un instante la idea de aprovecharse de la barca, idea de la que tuvo que desistir al llegar al borde del agua, por haberse encontrado, al meter la mano en su bolsillo, con que no llevaba para pagar al barquero.
Al llegar a la rue de Guénégaud, vio salir por la rue Dauphine dos personas cuyo andar le llamó en extremo la atención. Una de dichas personas era hombre, mujer la otra; la mujer tenía todo el aspecto de mm. Bonacieux y el hombre se parecía extraordinariamente a Aramis. Además, la mujer iba envuelta en el negro manto que D’Artagnan aún veía dibujarse sobre el postigo de la rue de Vaugirard y sobre la puerta de la rue de La Harpe, y el hombre ostentaba el uniforme de mosquetero. La mujer llevaba el rostro tapado con su capuchón, y el hombre se cubría la cara con su pañuelo; ergo ambos tenían interés en no ser conocidos.
Los dos personajes tomaron el puente, y como D’Artagnan se dirigía al Louvre, y por lo tanto aquel era su camino, se encaminó tras ellos.
Aún no había andado veinte pasos el mozo, cuando ya no le cupo la más mínima duda de que aquella mujer y su acompañante eran mm. Bonacieux y Aramis.