Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Por desgracia, al joven adepto no se le ofreció coyuntura para dar prueba alguna de su devoción al duque, y la mercera y el mosquetero entraron sin tropiezo en el Louvre por el postigo de l’Échelle.
D’Artagnan, por su lado, partió en demanda del figón de la Pomme de Pin, donde encontró a Porthos y a Aramis, que le estaban aguardando, y a los cuales dijo que había dado fin por sí solo al asunto para la resolución del cual creyera por un instante necesitar de su ayuda.
En cuanto a la molestia que causara a sus amigos haciéndoles concurrir a hora tan intempestiva al figón de la Pomme de Pin, el mozo no dio explicación alguna.
Y ahora, impelidos como nos hallamos por las exigencias de nuestro relato, dejemos que los tres amigos se retiren cada cual a su casa, y sigamos, a través de los rodeos del Louvre, al duque de Buckingham y a su guía.