Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Sà —respondió Ana—, pero vos sabéis cómo y por qué os veo, porque insensible a todos mis pesares, os habéis obstinado en permanecer en una ciudad donde, al quedaros en ella, arriesgáis vuestra vida y ponéis en peligro mi honra: os veo para deciros que todo nos separa, los abismos de la mar, la enemistad de los reinos y la santidad de los juramentos. ¡Oh!, milord, luchar contra tantas cosas es sacrÃlego. Y, por último, os veo para deciros que es menester que no volvamos a vernos nunca jamás.
—Hablad, señora, hablad, reina —profirió Buckingham—, la dulzura de vuestra voz neutraliza la dureza de vuestras palabras. Habláis de sacrilegio, sin tomar en cuenta que el sacrilegio está en la separación de los corazones que Dios creara el uno para el otro.
—Milord —repuso la reina—, olvidáis que nunca os he dicho que os amaba…