Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Aquella pieza era un espacioso gabinete, con las paredes adornadas de armas ofensivas y defensivas, cerrado y sofocado, y en el cual ya ardía lumbre, pese a no haber llegado todavía el mes de octubre. Se nos olvidaba decir que en el centro del gabinete había una gran mesa atestada de libros y papeles sobre los cuales estaba desenrollado un inmenso plano de La Rochelle.
Ante la chimenea y en pie, había un hombre de mediana estatura, de traza arrogante y audaz, mirada penetrante, frente ancha y desembarazada, rostro flaco, prolongado todavía más por una larga perilla, y bigotes al uso. Aquel hombre, que no obstante no haber rebasado todavía los treinta y siete ya tenía entrecanos el bigote y la perilla, y aunque no ceñía espada, tenía el aspecto militar, y sus botas de búfalo, aun ligeramente cubiertas de polvo, indicaban que había montado a caballo durante el día.