Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Bueno, ¿sabéis dónde se esconden la duquesa de Chevreuse y el duque de Buckingham?
—No, monseñor, mis gentes no han podido darme noticia alguna positiva sobre el particular.
—Pues yo lo sé.
—¿Vos, monseñor?
—SÃ, o por lo menos lo sospecho: el uno está escondido en la casa número 25 de la rue de Vaugirard, y el otro en la rue de La Harpe, número 75.
—¿Quiere vuestra eminencia que los mande arrestar a los dos?
—SerÃa demasiado tarde; ya habrán partido.
—No importa, nunca está de más asegurarse…
—Tomad diez guardias de los mÃos y registrad las dos casas.
—Voy inmediatamente, monseñor —dijo Rochefort, saliendo apresuradamente de la estancia. Richelieu, una vez a solas, se entregó por un instante a la reflexión, y luego volvió a llamar, y dijo al oficial, que reapareció enseguida:
—Que entre el preso.
M. Bonacieux fue introducido de nuevo y, a una seña de Richelieu, el oficial se retiró.
—Me habéis engañado —dijo con severidad el cardenal al mercero.
—¡Yo! ¡Yo engañar a vuestra eminencia! —exclamó Bonacieux.