Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Acaso vuestra eminencia pone en duda mi palabra? —exclamó Tréville, con el fuego de la cólera en el rostro.
—Dios me libre —contestó Richelieu—, pero ¿a qué hora estaba m. D’Artagnan en vuestra casa?
—Esto puedo decÃrselo con toda exactitud a vuestra eminencia, porque al entrar consulté el péndulo y vi que eran las nueve y media, por más que a mà me parecÃa que era más tarde.
—¿Y a qué hora salió de vuestro palacio?
—A las diez y media; una hora después del suceso.
—Sea como quiera, Athos fue arrestado en la casa de la rue des Fossoyeurs —repuso el cardenal, que no sospechó ni por un instante de la lealtad de Tréville, y veÃa que la victoria se le escapaba de las manos.
—¿Está vedado que un amigo visite a otro? ¿Que un mosquetero de mi compañÃa fraternice con un guardia de la compañÃa de m. Des Essarts?
—SÃ, cuando la casa donde el mosquetero fraterniza con ese amigo es sospechosa.
—Esa casa es sospechosa, Tréville —dijo el rey—; ¿acaso lo ignorabais?