Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Para mà es la clave maestra de toda esa máquina, se lo confieso —dijo el cardenal.
—Entonces, ¿también creéis vos, como yo, que la reina me está engañando? —exclamó Luis XIII.
—Yo creo, y lo repito a vuestra majestad, que la reina conspira contra la autoridad de su rey, pero no he dicho que conspirara contra su honra.
—Pues yo os digo que conspira contra las dos, que la reina no me ama, que ama a otro, y que ese otro es el infame duque de Buckingham. ¿Por qué no hicisteis prender al duque durante su estancia en ParÃs?
—¡Prender al duque! ¡Al primer ministro del rey Carlos I de Inglaterra! ¿Ya sabéis lo que estáis diciendo, señor? ¡Qué escándalo, mayormente si las sospechas de su majestad, de las que continúo dudando, hubiesen tenido alguna consistencia!
—Ya que se exponÃa como un vagabundo y un ladrón, era preciso…
Luis XIII se detuvo, asustado de lo que iba a decir, mientras Richelieu, alargando el cuello, aguardaba inútilmente que el rey soltase la palabra que le habÃa quedado en los labios.
—¿Era preciso qué? —preguntó el cardenal.