Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Ya me habéis oÃdo, m. cardenal; quiero esas cartas.
—Solo hay un modo de conseguirlas.
—¿Cuál?
—Encargando esta comisión a m. canciller mayor Séguier. Este asunto entra de lleno en sus atribuciones.
—Que vayan por él inmediatamente.
—Debe de estar en mi casa, señor; le he enviado a decir que me hiciese el favor de dejarse ver, y al venirme aquà he dado orden de que le hiciesen aguardar si se presentaba.
—Que vayan por él inmediatamente —repitió el rey.
—Las órdenes de vuestra majestad serán cumplidas; pero…
—¿Qué?
—Cabe la posibilidad que la reina se niegue a obedecer.
—¿A mis órdenes?
—SÃ, si ignora que esas órdenes proceden del rey.
—Pues bien, para que no dude, yo mismo voy a prevenirla.
—No olvide vuestra majestad que he hecho cuanto humanamente he podido para evitar un rompimiento.