Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Sandis[2]! ¡Ya lo creo! —exclamó el gascón, que tenía puesta toda su esperanza en la carta para presentarse en la corte—. Contenía mi fortuna.

—¿Bonos españoles? —preguntó con inquietud el mesonero.

—Bonos de la tesorería particular de su majestad —respondió D’Artagnan, que esperaba, gracias a aquella recomendación, ingresar en el servicio del rey y creía poder dar, sin mentir, una respuesta que tenía algo de aventurada.

—¡Diantre! —profirió el mesonero, ya verdaderamente disgustado.

—Pero no importa —continuó D’Artagnan con la impasibilidad de los de su tierra—; el dinero tanto me da, para mí lo primordial era la carta. Hubiera preferido perder mil doblones de oro.

No hubiese arriesgado más el mozo con decir veinte mil, pero cierto pudor juvenil le retuvo.

De improviso, pasó una ráfaga de luz por el cerebro del mesonero que, al ver que no encontraba la consabida carta, se daba a todos los diablos.

—La carta esa no está perdida —exclamó el buen hombre.

—¿Decís? —repuso D’Artagnan.

—Que la carta no está perdida; os la han robado.

—¡Robado! ¿Y quién?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker