Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Qué garantÃa vais a darme si consiento en confiaros esa comisión? —preguntó la mercera.
—Mi amor por vos. Veamos, ordenad: ¿qué hay que hacer?
—No sé si debo confiaros a vos un secreto de tamaña importancia. Sois casi un niño.
—Veo que necesitáis quien os responda de mÃ.
—Os confieso que esto me tranquilizarÃa grandemente.
—¿Conocéis a Athos?
—No.
—¿Y a Porthos?
—Tampoco.
—¿Y a Aramis?
—Menos. ¿Quiénes son esos señores?
—Mosqueteros del rey. ¿Conocéis a m. de Tréville, su capitán?
—Sà le conozco, pero no personalmente, sino por haber oÃdo hablar con frecuencia de él a la reina, que le tiene en concepto de leal y valiente.
—Supongo que no sospecháis que él os venda por el cardenal, ¿no es cierto?
—¡Y qué he de temer!
—Pues bien, reveladle a él vuestro secreto, y preguntadle si, por importante, precioso y terrible que este sea, podéis confiármelo.