Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —En este caso, no paséis por Bondy; y ved que soy yo quien os lo digo.
—¿Por qué?
—Porque os harÃan asesinar.
—Bueno, morirÃa cumpliendo con mi deber.
—Pero no desempeñarÃais vuestro cometido.
—Es cierto —dijo D’Artagnan.
—Creedme —continuó Tréville—, para llevar a buen fin semejantes empresas, son menester cuatro hombres para que llegue uno.
—Tenéis razón, señor —repuso D’Artagnan—; pero vos que los conocéis, ya sabéis si puedo disponer de Athos, Porthos y Aramis.
—¿Sin revelarles el secreto que yo no he querido saber?
—De una vez para siempre nos hemos jurado confianza ciega y abnegación sin lÃmites; por otra parte, podéis decirles que vos tenéis en mà la más omnÃmoda confianza, y no se mostrarán más incrédulos que vos.
—Puedo enviarles a cada uno una licencia por quince dÃas: a Athos, a quien sigue molestándole su herida, para ir a las aguas de Forges, y a Porthos y a Aramis, para que acompañen a su amigo, al cual no quieren abandonar en un estado tan doloroso. El envÃo de sus licencias será la prueba de que yo autorizo su viaje.
—Gracias por tantas bondades, señor.