Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —No, señor, pertenece a la reina.
—¿Y estáis autorizado por su majestad para confiármelo?
—No, señor; me han recomendado, por el contrario, el más profundo misterio.
—¿Por qué, pues, ibais a vendérmelo a m�
—Porque os repito que sin vos nada puedo hacer, y temo que no os avengáis a hacerme la merced que vengo a solicitar de vos, si no sabéis con qué fin os la solicito.
—Guardad el secreto y decidme cuál es vuestro deseo.
—Que obtengáis para mÃ, de m. Des Essarts, una licencia por quince dÃas.
—¿Cuándo?
—Esta noche misma.
—¿SalÃs de la capital?
—Voy en comisión.
—¿Adónde?, si no os está vedado el decirlo.
—A Londres.
—¿Hay alguien que tenga interés en que vos no lleguéis al termino de vuestro viaje?
—Barrunto que el cardenal darÃa montañas de oro para impedirme llevar a cabo mi cometido.
—¿Y partÃs solo?
—Solo.