Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Tomad lo que os es menester para un viaje de quince dÃas, y seguidme.
—Es que en este instante no puedo salir de ParÃs sin saber…
—Qué ha sido de ella, ¿no es verdad? —profirió D’Artagnan al ver que su amigo se interrumpÃa.
—¿Quién? —preguntó Aramis.
—La dama que estaba aquÃ, la del pañuelo bordado.
—¿Y quién os ha dicho a vos que aquà habÃa una mujer? —replicó Aramis, poniéndose pálido como un difunto.
—La vi.
—¿Y sabéis quién es?
—Por lo menos lo barrunto.
—Ya que tanto sabéis —dijo Aramis—, ¿qué ha sido de esa mujer?
—Presumo que ha regresado a Tours.
—¿A Tours?, sÃ, eso es; la conocéis. Pero ¿cómo ha regresado a Tours sin decirme nada?
—Porque temió que la arrestaran.
—¿Por qué no me escribió?
—Porque temió comprometeros.