Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Entonces los fingidos trabajadores retrocedieron hasta la cuneta, empuñaron sendos mosquetes, que tenÃan escondidos en ella, y literalmente abrieron fuego contra D’Artagnan, Athos, Aramis y a sus lacayos. Aramis salió de la refriega con un hombro atravesado, y Mousqueton con una bala en las posaderas. Sin embargo, este último fue el único que cayó del caballo, y no porque estuviese herido de gravedad, sino porque siéndole imposible ver su herida, se dio a entender que lo habÃan lesionado más peligrosamente de lo que en realidad estaba.
—Es una emboscada —dijo D’Artagnan—, no disparemos ni un tiro, y adelante.
Aramis, a pesar de su herida, se agarró de la crin de su caballo, que lo llevó con los otros. En cuanto al de Mousqueton, se habÃa reunido con sus compañeros y galopaba solo en su fila.
—Asà tendremos un caballo de reserva —dijo Athos.
—PreferirÃa un sombrero —repuso D’Artagnan—; el mÃo se lo ha llevado una bala. Por fortuna, la carta no estaba dentro.
—¡Ah, malditos! —exclamó Aramis—, van a asesinar al pobre Porthos cuando pase.
—Si Porthos alentara, a estas horas ya se nos habrÃa reunido —profirió Athos—. Me parece que el borracho se habrá despejado al desenvainar su espada.