Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¡Ah!, no lo habÃa visto —respondió D’Artagnan—; este agujero lo habrá abierto la espada del conde de Wardes al herirme en el pecho.
—¿Estáis herido? —preguntó Buckingham.
—No es nada —dijo el mozo—; no es más que un rasguño.
—¡Válgame Dios! ¿Qué estoy leyendo? —exclamó el duque—. Patrice, quédate aquÃ, o más bien sal en busca de su majestad y dile que le suplico humildemente que me excuse, pero que me llama a Londres un asunto gravÃsimo. —Y volviéndose hacia el mozo, añadió—: VenÃos conmigo, caballero.
D’Artagnan y el duque emprendieron a galope la vuelta de la capital.