Los Tres Mosqueteros

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Cincuenta buques estaban aguardando a pique del ancla. Al pasar por el costado de uno de ellos, a D’Artagnan le pareció ver a la dama de Meung, a la misma a quien el incógnito hidalgo apellidara milady y a la que él hallara tan hermosa; pero gracias a la corriente del río y al viento favorable que en aquel momento soplaba, su buque navegaba con tanta rapidez, que al poco se puso fuera del alcance de la vista.

A las nueve de la mañana del día siguiente el Sund ancló en Saint-Valery.

D’Artagnan se encaminó inmediatamente a la posada que le indicara Buckingham, y la conoció en los gritos que de ella salían: estaban hablando, como de un hecho próximo y probable, de la guerra entre Inglaterra y Francia, y los marineros la celebraban alegremente con una francachela.

El mozo se abrió paso entre la multitud, se acercó al posadero y pronunció la palabra Forward. El posadero le hizo inmediatamente seña de que lo siguiera, salió con él por una puerta que daba a un patio, lo condujo a la caballeriza, donde le estaba aguardando un caballo ensillado, y le preguntó si necesitaba algo más.

—Lo único que necesito es conocer el camino que debo seguir —respondió D’Artagnan.


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